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MORTEROS Y SATE
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MORTEROS PARA LA COLOCACIÓN DE BALDOSAS CERÁMICAS

Jornadas SATE

Introducción


Bóveda de la maxura en la mezquita de Córdoba.
Ampliación de al-Hakam II, 961-976. Decoración musivaria de teselas de vidrio dorado (técnica bizantina) e imposta mixtilínea de cerámica vidriada y decoración. 


El patrimonio arquitectónico español posee una riquísima representación de recubrimientos cerámicos, que se extiende desde el siglo X hasta nuestros días. Una parte importante de ese patrimonio cerámico de nuestra arquitectura, en especial alicatados y cubiertas de teja vidriada, ha soportado con dignidad el paso del tiempo, sin desprendimientos o pérdida de sus atributos formales.

Las causas de tan dilatada longevidad hay que buscarlas en el tipo de arquitectura que se practicaba, se edificaba en largos períodos de tiempo y, en consecuencia, los recubrimientos cerámicos se asentaban sobre soportes de una asegurada estabilidad.

Las superficies de colocación eran también estables y compatibles con el mortero de cal que, a su vez, a través de composiciones experimentadas por los maestros alarifes con las mejores arenas de aluvión, daba adherencia y una cierta deformabilidad al sistema.

La adherencia ha sido siempre de tipo mecánico, con una superficie de colocación texturada y porosa, y unas baldosas cerámicas también porosas (con capacidad de absorción de agua superior al 12 %) y reverso texturado (conformación manual en estado plástico).

Además, el formato de la baldosa pocas veces superaban los 625 cm2 hasta bien avanzado el siglo XX, con lo que las tensiones de cizalladura en la unión adhesiva eran reducidas.

En los solados, la colocación al tendido se remonta a la noche de los tiempos, incluso previendo el drenaje y la contención del remonte de humedad a base de escombros de cerámica, en solerías a ras de suelo o espacios en contacto con el exterior, especialmente en claustros.

Se trataba de una pavimentación flotante que, aun con deformaciones, tenía un buen comportamiento incluso sobre forjados apoyados en vigas de madera.

Desde la progresiva difusión de la patente de Aspin (Portland, Reino Unido, 1824), la formulación de hormigones y morteros desaloja la cal como aglomerante, sustituyéndola por el cemento industrial.

Se gana en resistencia mecánica en general y especialmente a la compresión, pero se incrementa la rigidez del sistema. Su mejor comportamiento frente al agua y la humedad contribuye asimismo a la sustitución.

Por otra parte, la edificación evolucionó también hacia métodos constructivos industriales que, a partir de la segunda mitad del siglo XX, se complementan con la adopción de nuevos materiales.

Esta evolución trae consigo la progresiva reducción de los tiempos de entrega en la fase de acabados hasta desembocar en estructuras y elementos constructivos de elevada inestabilidad dimensional, bien por las características intrínsecas de los materiales, bien por no haberse completado el proceso de hidratación de los aglomerados de cemento.

Por último, la oferta de baldosas cerámicas tiende en las últimas décadas hacia productos de baja capacidad de absorción de agua (llegando a porosidades abiertas de 0,05 %) y a grandes formatos (3600 cm2 ó más) que no pueden instalarse por adherencia directa.

La suma de los puntos anteriores, (rigidez del adhesivo + inestabilidad de los soportes + decremento de la adherencia mecánica + incremento de las tensiones de cizalladura), ha reducido drásticamente los márgenes de fiabilidad de la colocación tradicional hasta hacerla inviable en un buen número de recubrimientos.


2ª planta del palacio-fortaleza de Alacuás
(Valencia, ss. XV-XVI).
Pavimento de baldosas de mayólica con decoración medieval en azul cobalto.


La colocación tradicional de recubrimientos cerámicos ha estado presente en la mayoría de aplicaciones mientras ha sido posible un anclaje mecánico del mortero de cal, cemento/cal o de cemento en las superficies que permitían ese tipo de anclaje y, además, no precisábamos deformabilidad, más allá de los valores alcanzados en los morteros de cal.

Cuando no podemos asegurar una mínima adherencia, por la naturaleza de las superficies en contacto con el mortero o por las exigencias de deformabilidad, debemos recurrir a otros materiales que constituyen la base de la colocación en capa fina de recubrimientos rígidos modulares.

Así pues, la colocación en capa fina con adhesivo ha pasado, en menos de diez años, de representar una opción de calidad y rendimiento en la colocación, a una necesidad en un buen número de aplicaciones de las baldosas cerámicas y otros materiales rígidos modulares. No solamente requerimos adherencia ante superficies lisas y/o no absorbentes sino también deformabilidad ante la inestabilidad de soportes y superficies de colocación.

La transferencia tecnológica de la química orgánica aplicada a hormigones y morteros ha permitido alcanzar características que resuelven en gran medida las exigencias de adherencia y deformabilidad de la colocación, aportando estos nuevos materiales otras propiedades que atañen a su aplicación y durabilidad.

La normativa europea aprobada en los últimos años a buen seguro ayudará a clarificar los conceptos de calidad y durabilidad para el conjunto de materiales que intervienen en la colocación en capa fina. El marcado CE para estos materiales, que es obligatorio desde el 1/4/2004, favorecerá la implantación de una información técnica de referencia en embalajes y documentos comerciales que contribuirá a ese mismo objetivo.

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